Gramática de español
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A1 (40)
Los pronombres sujeto indican quién realiza la acción: yo, tú, él, ella, usted, nosotros/as, vosotros/as, ellos, ellas y ustedes. En español suelen omitirse porque la forma del verbo ya señala la persona: Vivo en Sevilla normalmente basta, sin yo. Usted y ustedes expresan tratamiento formal en muchas situaciones, pero se combinan con verbos de tercera persona.
En español, cada sustantivo tiene género masculino o femenino: el libro, la casa. La terminación ayuda —la mayoría de las palabras acabadas en -o son masculinas y muchas acabadas en -a son femeninas—, pero no decide siempre: se dice el problema, el día, la mano y la foto. Por eso conviene aprender cada sustantivo junto con su artículo.
En español, los sustantivos terminados en vocal suelen formar el plural con -s (libro → libros), y los terminados en consonante, con -es (ciudad → ciudades). Si la palabra acaba en -z, la z cambia a c antes de añadir -es: pez → peces. A veces también hay que poner o quitar una tilde para conservar la pronunciación: examen → exámenes.
Los artículos definidos son el, la, los y las. Se colocan delante de un sustantivo (la palabra que nombra una persona, un objeto, un lugar o una idea) y concuerdan con él en género y número: el libro, la casa, los niños, las mesas. La excepción inicial más importante es el agua: agua sigue siendo femenina, pero usa el en singular porque comienza por a tónica.
Los artículos indefinidos son un, una, unos y unas. Se colocan delante de un sustantivo para presentar una persona, cosa o grupo no identificado de manera concreta: un vecino, una idea, unos días, unas llaves. El artículo concuerda con el género y el número del sustantivo, aunque en ciertos contextos se omite: Soy médica.
Ser es un verbo irregular: en presente se conjuga soy, eres, es, somos, sois, son. Se usa principalmente para identificar y clasificar, indicar el origen o la profesión, describir características, decir la hora y expresar pertenencia con de: Soy Ana, Somos estudiantes, Es de Lima, Son las tres, El libro es de Marta.
El presente de estar tiene seis formas: estoy, estás, está, estamos, estáis, están. Se usa principalmente para localizar personas y cosas (El museo está aquí), expresar estados y emociones (Estoy cansada) y describir el resultado de una acción (La puerta está cerrada). No basta con pensar en «temporal»: una ubicación puede durar años y un resultado puede ser definitivo.
Usamos ser para identificar, clasificar y describir características; usamos estar para expresar estados, ubicaciones y resultados. La regla «ser = permanente, estar = temporal» puede servir como primera orientación, pero no basta: Madrid está en España es una ubicación permanente y la reunión es en Madrid indica dónde se celebra un evento.
Tener es un verbo irregular muy frecuente. En presente se conjuga tengo, tienes, tiene, tenemos, tenéis, tienen y sirve tanto para expresar posesión (Tengo un coche) como para hablar de edad, necesidades y estados (Tengo treinta años, Tengo hambre). Con tener que + infinitivo expresa una obligación: Tenemos que irnos.
Para conjugar un verbo regular terminado en -ar en presente, se elimina -ar del infinitivo y se añade una terminación: -o, -as, -a, -amos, -áis, -an. Así, hablar da hablo, hablas, habla, hablamos, habláis, hablan. La raíz no cambia y la terminación indica quién realiza la acción.
Para conjugar un verbo regular en -er en presente, se elimina -er del infinitivo y se añaden estas terminaciones: -o, -es, -e, -emos, -éis, -en. Así, comer se convierte en como, comes, come, comemos, coméis, comen. La raíz no cambia.
Para conjugar un verbo regular en -ir en presente, se quita -ir del infinitivo y se añaden las terminaciones -o, -es, -e, -imos, -ís, -en. Así, vivir se convierte en vivo, vives, vive, vivimos, vivís, viven. El verbo es regular cuando mantiene la misma raíz en todas estas formas.
Ir es un verbo irregular: en presente se conjuga voy, vas, va, vamos, vais, van. Para indicar un destino suele usarse ir + a + lugar (Voy a casa, Vamos al centro), y para hablar de una acción futura se emplea ir a + infinitivo (Voy a llamar).
Hacer es un verbo muy frecuente que sirve para hablar de acciones, tareas, creación y algunas actividades: hago deporte, hacemos la cena. En presente se conjuga hago, haces, hace, hacemos, hacéis, hacen; solo la forma hago se aparta claramente del modelo regular. También se usa de manera impersonal para describir el tiempo atmosférico: Hace calor.
Poder suele ir seguido de un infinitivo (la forma básica del verbo, como entrar, venir o ayudar) y expresa capacidad, permiso o posibilidad: Puedo nadar, ¿Podemos pasar?, Puede llover. En presente cambia o → ue, excepto con nosotros y vosotros: puedo, puedes, puede, podemos, podéis, pueden.
Querer tiene dos construcciones básicas: querer + sustantivo (Quiero un café) y querer + infinitivo (Queremos viajar). En presente cambia e → ie en quiero, quieres, quiere y quieren, pero conserva la e en queremos y queréis. También expresa afecto: Te quiero.
En algunos verbos, la e de la raíz cambia a ie cuando recibe el acento de la pronunciación: pensar → pienso, piensas, piensa, piensan. En el presente, el cambio aparece en todas las personas salvo nosotros/as y vosotros/as: pensamos, pensáis. Las terminaciones siguen siendo las normales de los verbos en -ar, -er o -ir.
En el presente, algunos verbos cambian la o de su raíz por ue cuando esa vocal recibe el acento: duermo, vuelves, encuentra. El cambio aparece en todas las personas menos nosotros y vosotros: dormimos, volvéis, encontramos. Las terminaciones siguen siendo las normales de cada conjugación.
Los verbos reflexivos se usan cuando la acción vuelve sobre quien la realiza: Me lavo significa que yo lavo mi propio cuerpo. Se construyen con me, te, se, nos, os, se, y el pronombre debe corresponder al sujeto: yo me levanto, tú te levantas, ella se levanta. Muchos verbos cotidianos terminados en -se, como llamarse o acostarse, se aprenden con este mismo modelo aunque no siempre expresen una acción literalmente reflexiva.
Hay sirve para decir que una persona, cosa o situación existe o se encuentra disponible: Hay un problema y Hay muchas personas. La forma no cambia ante singular o plural; para negar se usa no hay y para preguntar, ¿hay…?. Cuando se habla de la ubicación de algo ya identificado, normalmente se usa estar: El baño está al fondo.
Para negar una oración en español, normalmente se coloca no justo antes del verbo conjugado: Trabajo → No trabajo. Palabras como nada, nadie y nunca pueden aparecer después del verbo junto con no —No veo a nadie—, pero si van antes del verbo, no desaparece: Nadie viene.
En español, el adjetivo normalmente concuerda con el sustantivo al que describe: cambia según su género (masculino o femenino) y su número (singular o plural). Así, se dice un chico alto, una chica alta, unos chicos altos y unas chicas altas. Los adjetivos terminados en -e o en muchas consonantes no cambian de género, pero sí suelen formar el plural: una estudiante inteligente, unos estudiantes inteligentes; un coche azul, unas puertas azules.
En español, la posición más segura y neutral del adjetivo es después del sustantivo: una camisa blanca, un barrio tranquilo. Delante del sustantivo, el adjetivo suele expresar una valoración, destacar una cualidad o formar una combinación habitual: una buena idea, un gran día. A veces la posición cambia el significado: un hombre pobre no tiene dinero, mientras que un pobre hombre inspira compasión.
Los posesivos breves mi, tu, su, nuestro y vuestro se colocan normalmente antes de un sustantivo: mi libro, tu casa, sus amigos, nuestra familia. Concuerdan con aquello que se posee, no con la persona poseedora: Ana busca sus llaves. Mi, tu y su solo cambian de número; nuestro y vuestro cambian de género y número.
Los demostrativos señalan personas, objetos, lugares o ideas según la distancia: este presenta algo cercano; ese, algo menos cercano o situado junto al interlocutor; y aquel, algo lejano. Delante de un sustantivo concuerdan con él en género y número: esta mesa, esos libros, aquellas montañas.
Usamos en para indicar dónde está alguien o algo (Estoy en casa), a para señalar un destino (Voy al cine) y de para expresar origen (Vengo del trabajo). Para situar un elemento respecto a otro, empleamos formas como entre, sobre, debajo de, delante de y detrás de.
En español, el objeto directo lleva normalmente a cuando se refiere a una persona concreta: Veo a María y Conozco a tu hermano. También se usa ante alguien, nadie y quién: No veo a nadie. Si se habla de una persona cualquiera, sin identificarla, puede no aparecer: Busco un médico; si se busca a uno concreto, Busco a un médico.
En español, a + el se convierte obligatoriamente en al, y de + el se convierte obligatoriamente en del: Voy al mercado y Vengo del mercado. La unión solo se hace con el artículo masculino singular el; se mantienen separadas formas como a la, a los, de las y el pronombre él: Hablo de él.
Las preguntas parciales usan palabras interrogativas con tilde: qué, quién, dónde, cuándo, cómo y por qué. Las preguntas que se responden con sí o no pueden conservar el orden de una oración afirmativa y distinguirse mediante la entonación y los signos ¿...?: Vives aquí → ¿Vives aquí?
Usa cuánto, cuánta, cuántos o cuántas para preguntar por una cantidad: ¿Cuánta leche queda? y ¿Cuántos billetes necesitas? La forma concuerda con el nombre al que acompaña; en cambio, ante un verbo suele aparecer cuánto: ¿Cuánto cuesta? Usa cuál o cuáles para identificar o elegir una opción: ¿Cuál prefieres?
Los números cardinales expresan cantidad: cero, uno, dos, tres... cien. Del 16 al 29 se escriben en una sola palabra; desde treinta y uno se usa y entre la decena y la unidad. Ante un sustantivo masculino, uno se convierte en un: un libro, veintiún libros; para 100 exactos se usa cien, no ciento.
Los números ordinales indican la posición de un elemento dentro de un orden: primero, segundo, tercero… Del primero al décimo, cambian para concordar con el sustantivo: primer día, primera semana, segundos intentos. Primero y tercero pierden la -o ante un sustantivo masculino singular: el primer capítulo, el tercer piso.
Para decir la hora se usa es la una, pero son las dos, las tres...; para indicar el momento de una acción, se dice a la una o a las dos. Los días y los meses se escriben con minúscula, y las fechas siguen normalmente el orden día + de + mes: el 15 de agosto.
Los adverbios de frecuencia indican con qué frecuencia sucede algo: siempre, a menudo, a veces, raramente, nunca. Los adverbios de tiempo sitúan u ordenan una acción: hoy, mañana, ayer, ahora, primero, luego, después, entonces. Son palabras o expresiones invariables y su posición puede cambiar para destacar una información.
Los adverbios de lugar indican dónde está algo o hacia dónde se mueve: aquí, ahí, allí, cerca, lejos, dentro, fuera, arriba y abajo. No cambian de género ni de número, y muchos pueden llevar un complemento con de: cerca de casa, dentro del cajón, debajo de la mesa.
Usa mucho y poco con un sustantivo o un verbo: muchos amigos, poca agua, trabaja mucho, duermo poco. Usa muy delante de un adjetivo o un adverbio: muy amable, muy lejos. Ante un sustantivo, mucho y poco concuerdan en género y número; con un verbo, no cambian.
Los pronombres me, te, lo, la, nos, os, los y las sustituyen a la persona o cosa que recibe directamente la acción: Compro el pan → Lo compro. Normalmente van delante de un verbo conjugado, pero se unen a un infinitivo, un gerundio o un imperativo afirmativo: quiero verlo, estoy mirándolo, míralo.
Los pronombres me, te, le, nos, os, les suelen indicar quién recibe algo o a quién va dirigida una acción: Te escribo una carta; Les doy el libro. Normalmente aparecen delante de un verbo conjugado y pueden acompañar a una aclaración con a: Le doy el libro a María.
Con gustar, la persona que siente el gusto se expresa mediante me, te, le, nos, os o les, y aquello que gusta funciona como sujeto: Me gusta la música; Me gustan estas canciones. Se usa gusta ante un sustantivo singular o un infinitivo, y gustan ante un sustantivo plural.
Las conjunciones enlazan palabras o ideas: y suma, o presenta alternativas, pero y sino contraponen, porque da una causa y así que introduce un resultado. Y cambia a e ante el sonido i; o cambia a u ante el sonido o. La diferencia esencial entre pero y sino es que pero añade un contraste, mientras que sino corrige algo que acaba de negarse.
A2 (13)
El pretérito indefinido presenta una acción pasada como un hecho completo: Ayer comí pizza, Viajé a España el año pasado, Llegaron a las ocho. Para los verbos regulares, se añaden al tema verbal las terminaciones -é, -aste, -ó, -amos, -asteis, -aron en los verbos en -ar, y -í, -iste, -ió, -imos, -isteis, -ieron en los verbos en -er e -ir.
Algunos verbos muy frecuentes no forman el pretérito indefinido con las terminaciones regulares: decimos tuve, hice, pude o dije, no tení, hací, podí ni decí. Muchos comparten las terminaciones -e, -iste, -o, -imos, -isteis, -ieron, sin tilde; ser e ir usan la misma serie: fui, fuiste, fue, fuimos, fuisteis, fueron.
El pretérito perfecto se forma con el presente de haber y un participio: he comido, has visto, hemos terminado. Presenta una acción pasada como conectada con el momento actual, ya sea por su resultado, por pertenecer a un periodo todavía abierto o por tratarse de una experiencia vivida hasta ahora.
Algunos verbos no forman el participio con las terminaciones regulares -ado o -ido: hacer se convierte en hecho, ver en visto y poner en puesto. Con haber, el participio no cambia: he escrito, hemos escrito, las han escrito. Cuando funciona como adjetivo, sí concuerda: una carta escrita, dos cartas escritas.
El pretérito imperfecto presenta una situación pasada desde dentro, sin destacar su principio ni su final. Se usa sobre todo para hábitos (Cada verano íbamos al pueblo), descripciones (La casa era pequeña) y acciones que estaban en curso (Yo cocinaba cuando llamaste). Sus únicas conjugaciones irregulares son las de ser, ir y ver.
El futuro próximo se forma con el presente de ir + a + infinitivo: voy a comer, vas a estudiar, va a llover. Se usa sobre todo para hablar de planes, intenciones, decisiones ya tomadas y hechos que parecen inminentes. Solo se conjuga ir; el segundo verbo permanece en infinitivo.
El presente progresivo se forma con el presente de estar y un gerundio: estoy comiendo, estás leyendo, están durmiendo. Sirve sobre todo para presentar una acción como en curso en este momento o durante un periodo actual. Solo estar se conjuga; el gerundio permanece igual para todas las personas.
Usa para cuando miras hacia una meta: una finalidad, un destinatario, un destino o una fecha límite. Usa por cuando explicas lo que rodea o provoca una acción: la causa, el medio, el recorrido, la duración o el intercambio. La oposición más útil es causa frente a finalidad: Lo hice por miedo explica el motivo; lo hice para evitar un problema expresa el objetivo.
Para expresar desigualdad, se usa más/menos + adjetivo, adverbio o sustantivo + que: Ana es más alta que Luis. Para expresar igualdad, se usa tan + adjetivo o adverbio + como, pero tanto/a/os/as + sustantivo + como: Es tan alto como yo; Tiene tantas plantas como tú. Mejor, peor, mayor y menor son comparativos especiales y normalmente no se combinan con más.
El imperativo afirmativo sirve para pedir, aconsejar, invitar o indicar que alguien haga algo: Habla, Coma, Pasemos, Venid, Entren. La forma cambia según la persona a la que se habla y, si hay pronombres como me, lo o se, estos se escriben unidos al final: dime, cómpralo, siéntense.
Que es el relativo más frecuente: sirve para personas y cosas, no cambia de forma y puede ser sujeto o complemento: el hombre que habla, el libro que leo. Quien solo se refiere a personas, tiene plural (quienes) y, en el uso básico, aparece sobre todo después de una preposición: la chica con quien hablé.
Cuando un verbo lleva dos pronombres de objeto, el pronombre indirecto va primero y el directo después: me lo, te la, nos los. Delante de lo, la, los o las, le y les se convierten en se: Se lo expliqué, nunca le lo expliqué. Los dos pronombres forman un bloque y se colocan juntos.
Para llevar un verbo reflexivo al pasado, se conserva el pronombre correspondiente (me, te, se, nos, os, se) y se conjuga el verbo: me levanté, se vistió. En el pretérito perfecto, el pronombre va delante de haber: nos hemos divertido. El participio no cambia para concordar con la persona: ella se ha vestido y ellos se han vestido.
B1 (15)
El futuro simple se forma añadiendo -é, -ás, -á, -emos, -éis, -án al infinitivo completo: hablaré, comerás, vivirán. Se usa para predicciones, promesas y hechos futuros, pero también para expresar una suposición sobre el presente: ¿Dónde estará Ana? Algunos verbos cambian de raíz, como tener → tendré y hacer → haré.
El condicional simple se forma añadiendo -ía, -ías, -ía, -íamos, -íais, -ían al infinitivo: viajaría, comeríamos, vivirían. Sirve sobre todo para presentar consecuencias hipotéticas, pedir algo con cortesía, dar consejos y hablar de un hecho futuro visto desde un momento pasado. Los verbos irregulares usan las mismas raíces que en el futuro simple: tendría, podría, haría, vendría.
El pretérito indefinido presenta un hecho pasado como terminado y delimitado: Ayer terminé el informe. El imperfecto muestra una situación pasada desde dentro, sin señalar su principio ni su final: A las seis todavía trabajaba. En un relato suelen colaborar: el imperfecto crea el fondo y el indefinido cuenta los hechos que hacen avanzar la historia.
El subjuntivo presente expresa una acción no como un hecho afirmado, sino como algo deseado, dudoso, valorado o pendiente: Quiero que vengas, Dudo que sea verdad. Se forma normalmente a partir de la forma yo del presente de indicativo: se quita la -o y se añaden las terminaciones opuestas, -e para los verbos en -ar y -a para los verbos en -er e -ir.
El subjuntivo presenta una acción no como un hecho independiente, sino como algo deseado, necesario, posible, pendiente o sujeto a una condición. Aparece, por ejemplo, en quiero que vengas, es posible que llueva, para que entiendas y cuando llegues. No basta con memorizar la palabra que lo precede: hay que reconocer qué relación expresa la oración.
El pluscuamperfecto presenta una acción como anterior a otro momento del pasado: Cuando llegué, Ana ya había salido. Se forma con el imperfecto de haber —había, habías, había, habíamos, habíais, habían— más un participio como comido, vivido o hecho. En otras palabras, permite retroceder un paso dentro de un relato pasado.
El superlativo relativo señala quién o qué ocupa el grado máximo o mínimo dentro de un grupo: Clara es la más rápida del equipo. El superlativo absoluto expresa una cualidad en grado muy alto sin comparar con un grupo: Clara es rapidísima. Las formas mejor, peor, mayor y menor sustituyen normalmente a combinaciones como más bueno o más malo cuando se establece una comparación.
Donde introduce información sobre un lugar: la casa donde nací. El cual, la cual, los cuales y las cuales retoman un nombre y aparecen sobre todo detrás de una preposición o en un registro formal: el asunto sobre el cual hablamos. Lo que puede significar «la cosa que», mientras que lo cual suele comentar una idea ya expresada: Llegó tarde, lo cual me sorprendió.
La pasiva con ser presenta como sujeto a quien recibe la acción: La casa fue vendida. Se forma con ser + participio, y el participio concuerda con el sujeto: el contrato fue firmado, las cartas fueron firmadas. Si se menciona a quien realiza la acción, se introduce normalmente con por; en el uso cotidiano, el español suele preferir la voz activa o una construcción con se.
Para pedir que alguien no haga algo, se usa no + presente de subjuntivo: no hables, no coma, no salgamos, no escribáis, no corran. Si hay pronombres átonos, estos se colocan delante del verbo: no lo hagas, no me llame, no os vayáis.
El discurso indirecto reproduce las palabras de otra persona sin citarlas literalmente: Ana dijo: «Voy mañana» pasa a Ana dijo que iría al día siguiente. Las afirmaciones suelen introducirse con que, las preguntas de respuesta sí/no con si y las órdenes con que + subjuntivo. Cuando el verbo que presenta el mensaje está en pasado, también pueden cambiar el tiempo verbal, los pronombres y expresiones como hoy o aquí.
Las construcciones impersonales permiten presentar una obligación, posibilidad, valoración o afirmación sin señalar a una persona concreta. Los patrones esenciales son hay que + infinitivo, se + verbo en tercera persona y es + adjetivo + infinitivo / que + subjuntivo: Hay que reservar, Se puede pagar con tarjeta y Es importante que llegues a tiempo.
Para una condición abierta o posible, se usa normalmente si + presente de indicativo: Si vienes, estaré contento. Para imaginar una situación improbable o contraria a la realidad presente, se usa si + imperfecto de subjuntivo y condicional simple: Si tuviera dinero, viajaría. En una condición referida al futuro no se pone normalmente el futuro justo después de si.
La elección entre ser y estar no depende simplemente de que algo sea permanente o temporal. Ser suele presentar una identidad, una clasificación o una característica; estar muestra una situación, un estado o un resultado. Además, algunos adjetivos cambian de sentido: es listo significa que alguien es inteligente, mientras que está listo significa que está preparado.
El gerundio presenta una acción en desarrollo y suele depender de otro verbo: sigo trabajando, lleva dos horas esperando o la situación va mejorando. También puede indicar cómo o cuándo ocurre otra acción: vino corriendo. No funciona normalmente como sustantivo; para nombrar una actividad se usa el infinitivo: Fumar perjudica la salud, no Fumando perjudica la salud.
B2 (11)
El subjuntivo imperfecto presenta una acción como deseada, dudosa, hipotética o no afirmada desde un marco pasado: Quería que vinieras. También aparece en condiciones irreales (Si pudiera, lo haría), deseos difíciles (Ojalá estuvieras aquí) y después de como si. Tiene dos series, -ra y -se, casi siempre equivalentes: viniera y viniese.
El pretérito perfecto de subjuntivo se forma con el presente de subjuntivo de haber más un participio: haya llegado, hayas visto, hayan salido. Presenta una acción ya terminada —o que deberá estar terminada— dentro de un contexto que exige subjuntivo: Espero que haya llegado; Cuando hayas terminado, avísame.
El condicional compuesto se forma con el condicional de haber y un participio (la forma verbal de hablado, comido, hecho o visto): habría + participio. Sirve principalmente para presentar una acción pasada como posible pero no realizada —Habría ido, pero estaba enfermo— o como resultado de una condición imposible de cambiar —Si lo hubiera sabido, habría ido—.
Para imaginar un pasado distinto del real, se usa normalmente si + pluscuamperfecto de subjuntivo y condicional compuesto: Si hubiera sabido la fecha, habría ido. La condición no se cumplió —no supe la fecha— y, por eso, la consecuencia tampoco ocurrió —no fui—. Si la consecuencia llega hasta el presente, puede aparecer el condicional simple: Si hubiera aceptado aquel trabajo, ahora viviría en Lima.
El pluscuamperfecto de subjuntivo se forma con hubiera o hubiese más un participio: hubiera llegado, hubiésemos visto. Sitúa una acción antes de otro momento pasado y aparece, sobre todo, en hipótesis que ya no pueden cumplirse, deseos sobre el pasado y oraciones subordinadas que exigen subjuntivo: Ojalá hubieras venido.
En los usos avanzados, por suele presentar una causa, un agente, un intercambio, una proporción o aquello que impulsa una acción; para señala un punto de referencia, una valoración o una finalidad. La diferencia se aprecia bien en Lo hizo por mí (yo fui el motivo o beneficiario) frente a Para mí, lo hizo bien (esa es mi opinión). En expresiones con estar, el infinitivo o el sustantivo que sigue determina significados especiales: estar por decidir, estar para salir y no estar para bromas.
Cuyo, cuya, cuyos y cuyas expresan una relación de posesión o pertenencia entre dos nombres: la autora cuyo libro leí. La forma concuerda con el sustantivo que aparece después —libro—, no con el antecedente —autora—. Se usa sobre todo en textos cuidados y no lleva artículo delante del sustantivo: cuya casa, no cuya la casa.
El futuro perfecto se forma con el futuro de haber y un participio: habré terminado, habrás vuelto, habrán decidido. Sirve principalmente para presentar una acción como ya terminada antes de un momento futuro y para formular una conjetura sobre algo que probablemente ocurrió: Habrá olvidado la cita.
En una oración temporal, el indicativo presenta el hecho como habitual, conocido o ya realizado; el subjuntivo (la forma verbal que presenta algo como pendiente, previsto o no confirmado) suele aparecer cuando la acción pertenece al futuro: Cuando llegues, llámame. No se usa el futuro tras cuando en este tipo de construcción: se dice cuando llegues, no cuando llegarás.
Los adverbios en -mente se forman, por regla general, añadiendo -mente a la forma femenina singular de un adjetivo: lento → lenta → lentamente. Si se coordinan varios, lo habitual es que solo el último lleve la terminación: lenta y cuidadosamente. Estos adverbios pueden indicar cómo se realiza una acción o expresar la actitud de quien habla ante toda una oración.
En español no hay un único verbo que sirva para todos los cambios. Ponerse suele presentar un estado nuevo, volverse un cambio de carácter, hacerse un proceso o una elección, convertirse en una transformación, quedarse el resultado de un hecho y llegar a ser la culminación de un recorrido. La elección depende de qué cambia, cómo ocurre el cambio y qué aspecto del proceso quiere destacar quien habla.
C1 (10)
El pretérito anterior se forma con el pretérito indefinido de haber y un participio: hube llegado, hubiste comido, hubo dicho. Presenta una acción pasada como terminada inmediatamente antes de otra: Apenas hubo cerrado la puerta, sonó el teléfono. Hoy es raro fuera de la narración literaria y suele sustituirse por el pretérito indefinido o el pluscuamperfecto.
El futuro de subjuntivo —formas como fuere, hiciere o viniere— expresa una situación futura presentada como posible o condicionada. En el español actual ya no es un tiempo productivo en la conversación: sobrevive sobre todo en refranes, fórmulas fijas y textos jurídicos o administrativos de estilo tradicional. Para usar un español moderno, normalmente se sustituye por el presente o el imperfecto de subjuntivo, o por el presente de indicativo, según el contexto.
La concordancia de tiempos relaciona el momento de la oración subordinada con el de la oración principal. En general, una principal en presente orienta el subjuntivo hacia presente o pretérito perfecto (quiero que vengas / que hayas venido), mientras que una principal en pasado o condicional lo orienta hacia imperfecto o pluscuamperfecto (quería que vinieras / que hubieras venido). Sin embargo, el español puede mantener un tiempo presente cuando el contenido sigue vigente o cuando quien habla adopta el presente como punto de referencia.
La norma general distingue el objeto directo —la persona o cosa que recibe directamente la acción— con lo, la, los, las, y el objeto indirecto —el destinatario o beneficiario— con le, les. El leísmo altera esta distribución al usar le donde se esperaría lo o la; el laísmo y el loísmo usan la o lo donde correspondería le. La norma culta admite un caso concreto: Le vi ayer referido a un hombre singular, aunque Lo vi ayer sigue siendo correcto y es la forma mayoritaria en gran parte del mundo hispanohablante.
Una perífrasis verbal reúne un verbo conjugado y una forma no personal para expresar una sola idea verbal. En volver a, dejar de, acabar de, ponerse a, deber de y llegar a + infinitivo, el primer verbo aporta matices como repetición, interrupción, pasado reciente, inicio, probabilidad o culminación; el infinitivo nombra la acción: volvió a llamar, dejó de fumar, acabamos de llegar.
El registro formal es la variedad de español que se elige cuando la situación exige distancia, cortesía, precisión o respeto institucional. No consiste en llenar el texto de palabras solemnes: consiste en adecuar el tratamiento, los conectores y las construcciones al destinatario y al propósito. Fórmulas como mediante, no obstante, en virtud de o le ruego que son útiles si aclaran la relación entre las ideas y mantienen el tono apropiado.
La nominalización convierte una acción, un proceso o una cualidad en un sustantivo: desarrollar la economía pasa a ser el desarrollo de la economía y una reforma es posible se transforma en la posibilidad de una reforma. Es muy frecuente en textos académicos, periodísticos, administrativos y profesionales, pero debe alternarse con verbos para que la prosa no resulte pesada ni oculte quién actúa.
La pasiva refleja se forma con se + verbo en tercera persona y presenta como sujeto aquello que recibe la acción: Se vende una casa / Se venden varias casas. El verbo concuerda en singular o plural con ese sujeto. No debe confundirse con el se impersonal, que no tiene sujeto y mantiene el verbo en singular: Aquí se vive bien.
El español puede poner una parte del mensaje en primer plano mediante construcciones como Fue Marta quien llamó, Lo que necesito es tiempo, Sí que vino, Ni siquiera avisó o A Marta, la vi ayer. No todas producen el mismo efecto: unas identifican o contrastan un elemento, otras refuerzan una afirmación, expresan un extremo inesperado o presentan primero el tema del que se va a hablar.
Los diminutivos y aumentativos no indican solamente que algo es pequeño o grande. Sufijos como -ito/-ita, -illo/-illa, -ón/-ona, -azo/-aza y -ote/-ota también expresan afecto, cortesía, intensidad, admiración, ironía o desprecio: un momento → un momentito, hombre → hombrón, golpe → golpazo. El contexto, la entonación y la región deciden a menudo qué matiz predomina.
C2 (8)
La elección entre indicativo y subjuntivo no expresa solo certeza frente a duda: también muestra si el hablante afirma una información, la presenta como hipotética o la da por compartida para comentarla. Por eso se dice No creo que venga, pero Creo que no viene; aunque admite ambos modos, y el hecho de que puede llevar indicativo o subjuntivo con un cambio de enfoque.
El español es una lengua pluricéntrica: tiene varias normas cultas y ninguna región posee por sí sola el único español correcto. Las diferencias afectan al tratamiento —tú, vos, usted, vosotros, ustedes—, a ciertas conjugaciones, al vocabulario y a la pronunciación. Para comunicarse bien conviene mantener un modelo coherente al hablar y, al mismo tiempo, aprender a reconocer las formas de otras zonas.
El registro coloquial es la variedad que empleamos en conversaciones espontáneas y en mensajes informales. Se reconoce por expresiones como vale, venga y o sea, intensificadores como súper, acortamientos como profe y una sintaxis menos planificada. Hablar de manera coloquial no consiste en acumular jerga: exige escoger formas adecuadas para la relación, la región, el medio y la intención.
Una oración compleja organiza varias relaciones lógicas a la vez: una idea puede depender de otra, contener una explicación incidental o formar parte de una pareja correlativa como no solo... sino también. La dificultad no consiste en alargar la frase, sino en mantener claras la jerarquía, la concordancia, las correspondencias y la puntuación.
Los recursos retóricos alteran la forma más neutra de decir algo para atenuar, intensificar, persuadir, dar ritmo o crear expectación. En español, su efecto no depende solo de la construcción: también cuentan el contexto, la entonación, la puntuación y el registro. En el nivel C2 interesa tanto reconocer la intención ajena como elegir un recurso que resulte natural y proporcionado.
Los conectores del discurso muestran cómo debe interpretarse una idea respecto de otra: como contraste, consecuencia, conclusión o comentario lateral. Sin embargo y no obstante introducen una objeción; en cambio compara diferencias; por el contrario plantea una oposición más tajante; por consiguiente expresa una consecuencia; a fin de cuentas y en resumidas cuentas cierran un razonamiento; y dicho sea de paso abre un inciso.
La lengua administrativa es la variedad formal empleada en solicitudes, resoluciones, notificaciones, certificados y normas. Se caracteriza por fórmulas estables, vocabulario preciso, nominalizaciones y construcciones impersonales o pasivas; dominarla no consiste en escribir de forma rebuscada, sino en expresar con exactitud quién decide qué, con qué fundamento y qué debe hacerse después.
Una expresión idiomática es una combinación relativamente fija cuyo sentido no se obtiene sumando el significado literal de cada palabra. Ir al grano no exige desplazarse hacia ningún grano: significa abordar lo esencial. Para usar estas expresiones con naturalidad hay que aprender no solo qué significan, sino también su forma habitual, el contexto, el registro y la intención con que se dicen.